Flores de papel, almas de carne

He terminado de leer Flores de papel, la primera novela de Ebbaba Hameida. Empecé a leerla tarde, con perdón, porque estaba en el saco de textos, muestras, libros relacionados con la edición de este año del festival Periplo (Puerto de la Cruz, Tenerife). Uno de los lujos de poder acudir a este encuentro de creadores y lectores de historias de aventuras y viajes, es que uno puede respirar muy de cerca la trastienda y el sentir de escritores y periodistas. Pura delicia para alguien como yo, que lo primero que quiso ser, en esta vida, es escritor. Con Ebbaba ya son tres veces que la tenemos en el escenario, en diversas facetas.

Decía Nicolás Castellanos, en la presentación de esta obra, que se ha convertido, en poco tiempo, en el libro definitivo sobre el Sáhara. Puede que fuera un gesto cariñoso con la autora – con quien escribió Historias contadas al oído, para 5W – pero además es acertado. Desde la humilde ignorancia con la que uno se acerca a las historias importantes, esta novela te abraza para desnudar una crónica total sobre lo vivido, muy dentro, por los saharauis, sobre todo las mujeres saharauis.

El viaje propuesto, que son muchos, recorre tres generaciones de mujeres – abuela, madre, hija – e informa sobre la injusticia, la opresión, el olvido, el maltrato, la ignominia de esta tragedia sin gritos ni aspavientos. Nos cuenta, sin la obviedad de la autoficción, un viaje personal que nos hace comprender mucho, desde muy adentro. Informa, sin la celda del periodismo, el contexto sangrante y despreciado en el que España se lava las manos; manchadas.

Parece ser que la edición sigue creciendo y multiplicándose, gracias a la bendita recomendación humana que no sabe de algoritmos. Será, sobre todo, porque este libro no es un tema: es una historia de la que sales conmovido, enterado, comprometido. Es imposible no sentir un resorte interior, sobrecogido, cuando escuchas Sáhara Occidental… tras haber leído a Ebbaba Hameida.

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